BLOG: Copa Libertadores 2016, el detonante de una crisis

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Por: Samuel Vásquez – @samuelvasquezrivas

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BLOG: Copa Libertadores 2016, el detonante de una crisis

Esa Copa Libertadores que consiguió Atlético Nacional en 2016 estaba planificada a la perfección. Desde los directivos, que invirtieron tiempo y dinero en dos procesos ganadores, hasta los mismos hinchas, que conjugaron ese famoso cántico con la realidad del club paisa por aquellas épocas. Aun así, al parecer no se planificó correctamente lo que sería el después de la gloria y mucho menos las consecuencias que desde la misma interna se alimentaron. Nacional, desde 2017, vive en fantasías e historias románticas que solo se encuentran en la ficción más incrédula. El hecho de ambicionar más allá de lo coherente es lo que hoy no deja reconstruir una identidad casi perdida.

La salida de Reinaldo Rueda, luego de ser campeón en 2017-I dejó mucho por desear. Según lo manifestó el propio DT, “Hay un ciclo cumplido y el equipo necesita una oxigenación”. Por otro lado, Alexis Henríquez, el popular capitán libertador, reveló, según él, que luego de la eliminación de esa Copa Libertadores, los más altos directivos del club rompieron el proceso que se llevaba. Rueda, con dos años al mando y reciente campeón, se le había quedado corto a una ambición salida de lo real. Apuntaban más alto de lo que ya se había conseguido. Una utopía y un capricho mal pensado. 

Precisamente, desde que se tocó el cielo aquel 27 de julio, Nacional entró en un chismorreo dañino. Desde los periodistas, que hoy siguen afirmando que para Nacional es una “obligación” pelear los dos torneos internacionales. También algún presidente que estuvo entre 2017 y 2018, quien tenía un discurso politiquero; “hacer que Nacional sea un club de talla mundial”. Si se piensa objetivamente, para un club colombiano no es ni obligación quedar campeón todos los años internacionalmente, ni tampoco ser un club de nivel mundial. Todos se jactaron de esa idea.

En estos cuatro años se ha intentado acelerar y automatizar un proceso que ni en la mente más optimista se repetiría con tanto éxito. Tal como lo dijo Paulo Autuori en su penúltima rueda de prensa: “Es importante para el club tener tranquilidad y crear una buena atmósfera”. Y esa frase tal vez le corresponda a todos los involucrados. Los jugadores, quienes llegan al equipo con el estrellato primero y el esfuerzo segundo, orgullosos de poner en sus perfiles de redes sociales “jugador de Atlético Nacional”. También los hinchas, afanados por volver a ser el equipo de 2016 y despechados por aquel elenco que ninguna mente ha podido dejar en el pasado. También lo dijo Juan Manuel Lillo a su salida: “La 17 no hubiera cambiado el entorno”. 

Los directivos también son responsables. Hacer creer que Nacional es un equipo de primer mundo, viviendo en el tercero; traer técnicos que, aunque exitosos, no conocen a fondo lo que es el equipo, como también pasó con algunos jugadores argentinos. Según Juan David Pérez, presidente actual, la nómina de 2018 costaba el 128% de los ingresos del club, tema insostenible para la realidad colombiana. 

Hay un afán que lo único que ha dejado es fracaso; Lillo, Almirón y Autuori no pasaron del año, saliendo del club con apenas el primer tropiezo fuerte. Supuestamente los tres renunciaron, con un ambiente poco útil para poder edificar un ciclo exitoso, donde los intereses individuales superaron lo posible. Se ha pensado únicamente en el rótulo de “grande”, pero se ha dejado a un lado cómo sostener esa medalla. Sería indicado que Nacional, hoy, piense como un club del común, con intereses comunes y ambiciones cercanas. La grandeza no se pierde, pero sí se desgasta con los apuros.

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