26 noviembre, 2020

BLOG: Diego Maradona, víctima de una inmortalidad obligada

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Radio Múnera Digital

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Por: Samuel Vásquez – @samuelvasquezrivas

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BLOG: Diego Maradona, víctima de una inmortalidad obligada

Su vida fue excesiva, eso nadie lo desconoce. Su popularidad en Argentina y el mundo era tan grande como sus logros deportivos. Las gambetas a los ingleses, jugar un Mundial parado en un solo tobillo, ser campeón en repetidas ocasiones con un club chico como el Nápoles italiano y seguir siendo el Diego Maradona de 1986 hasta los últimos días de su vida. 

Ese mismo astro argentino, con la 10 en la espalda y 1,65 de estatura, fue destruido por culpa de una inmortalidad obligada. Una idolatría que se convirtió en negocio y en propaganda política, sin importar su delicado historial de salud. La muerte siempre llega, pero su muerte fue en la condición más cruda posible. 

El 30 de octubre, en homenaje a sus 60 años y en celebración al regreso del fútbol argentino, Diego Maradona asistió al estadio de Gimnasia y Esgrima con un estado de salud deplorable. Ido. Enfermo. Desgastado. Y aunque tuvo que ser trasladado a su casa sin comenzar el partido de su equipo, cumplió con la descarada propaganda política de la AFA. Marcelo Tinelli y Claudio Tapia, los hombres más importantes del fútbol argentino, posaron junto a él en diferentes fotografías. No estaba en condiciones, pero igualmente fue acosado y obligado. Su imagen de Diego Maradona, campeón del mundo, nunca desapareció. 

El 3 de noviembre, días después de la criticada aparición, Maradona fue internado en el Hospital de Buenos Aires, a causa de una descompensación, descubriéndose posteriormente un Hematoma Subdural. Su traslado en ambulancia estuvo repleto de fanáticos argentinos, gritando, saltando y al parecer, omitiendo su delicada situación médica. A la salida, el número de individuos era igual de grande, pero esta vez eran periodistas con cámaras y micrófonos. Diego Maradona quedó secuestrado en su imagen de ídolo. 

Ni siquiera en su casa, ya dado de alta, pudo estar en libertad. Diferentes drones asechaban el cielo de su espacio privado. Aun así, la popularidad del fútbol argentino ya había aumentado con su presencia. Eso desde 2019, cuando fue oficializado como DT de Gimnasia, sin recuperarse aún de una cirugía en la rodilla, producto de una artrosis que lo aquejó durante algunos años. 

Con cuadros de hipertensión, problemas de movilidad y un sobrepeso ya característico, Maradona deambuló por todos los estadios de Argentina en un tour de homenajes que ya parecían innecesarios. Foto con los directivos, foto sentado en tronos repletos de patrocinadores y saludo a la tribuna; era un animal de circo, casi sin poder caminar ni hablar. Pasó con Boca Juniors en La Bombonera, por allá en marzo de este año. 

Estuvo internado en Suiza y Cuba, producto de la adicción a las drogas. El descanso fue nulo. Rápidamente apareció en escena, dando entrevistas en medios televisivos o saludando desde un palco en cada estadio donde se fuera a jugar un partido importante. Sufrió infecciones pulmonares, Hepatitis, estuvo en coma luego de una sobredosis, y aunque en la actualidad ya no tenía droga en su organismo, ese vicio lo cambió por el alcohol, tema que aquejaba desde 2007, previo a dirigir la Selección Argentina. 

A los empujones, Maradona tenía que ser el protagonista. Hacía su espectáculo en cada estadio mientras la televisión lo enfocaba. Él sufría. Los otros disfrutaban. Desde su primer dopaje por cocaína en 1991, Diego Maradona nunca estuvo bien, pero siempre estuvo en el lugar más alto del protagonismo. El Maradona ídolo nunca dejó de serlo, y así se deterioró, a gusto de la gente. Su salud, su descanso, su anonimato necesario nunca pudieron darle otro aire de vida. Era el centro de atracción y el negocio más rentable, ya fuera recién recuperado por su adicción o recién salido de una cirugía de alto riesgo. El pecado de haber sido Maradona.

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